091

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Como cuenta en una entrevista, José Ignacio comenzó tocando en otras bandas alternando la batería con la guitarra en el año 79. La última de estas bandas fue Al-Dar, con la que grabaron un single ('Somos nuevos'), pero hablar del pasado musical de Lapido es hablar de 091. Formada en el 82, la banda 091 inició sus pasos con José Ignacio, Tacho González, José Antonio García y Antonio Arias como componentes, aunque a lo largo de su trayectoria esta formación sufriría varios cambios.

El primer álbum, 'Cementerio de automóviles', lo grabaron con la compañía DRO. Como consecuencia de una escasa promoción del disco, éste pasó sin pena ni gloria y la banda decidió comprar literalmente su libertad y cambiar de compañía. Fue cuando comenzó la 'Era Zafiro'. Con la grabación de su segundo disco se inició lo que fue habitual en toda la carrera de 091: críticas estupendas pero escasas ventas. Además el bajista Antonio Arias decidió marcharse del grupo buscando mayor protagonismo en una banda propia: Lagartija Nick.

Tras el segundo disco, llegó un tercero, 'Debajo de las piedras', para el que contaron con Angel Doblas al bajo. Las canciones quedaron destrozadas tras una mala producción, y el resultado final del disco poco tenía que ver con lo que la banda hacía en sus conciertos. De nuevo excelentes críticas para el álbum pero escasa asistencia de público a los conciertos y pocas ventas. De estos primeros discos quedan canciones tan buenas como 'Esperar la lluvia', 'Lágrimas en el paraíso', 'Escenas de guerra', 'En la calle', 'Debajo de las piedras' o la mítica 'La Torre de la Vela'.

'Doce canciones sin piedad', es, sin lugar a dudas, uno de los mejores trabajos de 091. ¿Acaso el mejor? Fue el fruto de un ambiente estupendo entre los componentes de la banda, a la que había vuelto Antonio Arias. Es un disco repleto de preciosas melodías y letras soberbias. Según el propio José Ignacio: 'Sin falsa modestia, fue nuestra primera obra maestra'. Las críticas, nuevamente, inmejorables.

Pero Antonio Arias decidió marcharse, esta vez definitivamente, lo que fue un duro golpe para la banda. Su puesto fue cubierto por Francisco Cabello Pacoco.

Del quinto disco salió, entre otras, la canción bandera de 091: 'La vida qué mala es', uno de sus mayores éxitos. Las críticas, como siempre, excelentes. Con 'El baile de la desesperación' terminaron la aventura con la compañía Zafiro. También abandonaría el grupo el bajista Pacoco.

Posteriormente entrarían a formar parte de la banda Jacinto Ríos y Víctor García -hermano este último de José Ignacio, lo que dio estabilidad a la banda y renovó los ánimos de los integrantes. Este sería la definitiva formación de 091 hasta el final.

Tras la ruptura de la banda con Zafiro, el nuevo disco fue grabado en la compañía Polygram. 'Tormentas imaginarias' fue el trabajo que mejor estaba funcionando. Las ventas crecían y superaban ya las 15.000 copias, pero el destino guardaba un nuevo revés a los Cero. La compañía sufrió una profunda reestructuración y fruto de ella, los 091 se quedaron en la calle cuando aún seguían (y todavía hoy) vendiendo copias del álbum. Ya sin compañía, actuaron en numerosas plazas y locales. El prestigio que se habían ganado durante más de diez años hizo que durante los años 93 y 94 fuesen uno de los grupos más competitivos y con más contratos.

Y llegó la hora de grabar su nuevo disco. El que sería su último disco de estudio. Tras diez años demostrando lo que valían no era plan de ir llamando a las puertas de las compañías intentando vender maquetas, así que se decidieron por el camino independiente y grabaron por su cuenta 'Todo lo que vendrá después', la 'segunda obra maestra' de 091, según José Ignacio. Tras una extensa gira presentando el disco, el grupo se encontraba en lo más alto. Fue entonces cuando decidieron disolver la banda. Ya no tenían ilusión suficiente para volver a grabar otro disco, hacer la promoción, etc. El martes 9 de enero del 96 aparecía en el Diario IDEAL de Granada el triste anuncio de la despedida de 091.

Los Cero se despidieron de sus siempre fieles seguidores en diversas ciudades españolas. Yo tuve la suerte de poder asistir a tres conciertos de su gira de despedida. Quizás debería lamentarme de no haber estado en varios más.

Los Cero nos ofrecieron su último concierto el 18 de mayo del 96 en la localidad granadina de Maracena. Allí no cabía ni un alma más. Fue un concierto muy intenso. Más de 2.000 locos, unos 3.000, coreábamos cada canción. He de reconocer que la canción del espantapájaros acabó derribando mi entereza y una amarga lágrima se deslizó por mi mejilla. Pero no fui sólo yo. Pude ver a mucha gente llorar esa noche, parejas abrazadas intentando consolarse mutuamente...

Nadie quería que acabase. '¡Cero! ¡Cero! ¡Cero!' gritábamos... Hasta que llegó el último ¡Chan! y la tristeza envolvió hasta el último rincón del anfiteatro. Por suerte para sus seguidores, ese último concierto fue grabado y quedó plasmado en un vídeo y dos CDs: el 'último concierto' de 091. Un directo imprescindible para cualquier amante del buen rock.

Además, José Ignacio ha colaborado con Christiania, ha producido discos para Contrabando y Dorian Gray y ha hecho música para cortos de cine y para teatro.

A continuación creo interesante incorporar unos pensamientos de Jesús Arias, el que fuera lider de los TNT, que expresaba de esta manera su sentir por la disolución de sus eternos rivales y amigos: "091 y TNT siempre fuimos los eternos y cordiales rivales. Compartimos el mismo y magnífico cantante y, a través de su voz, ofrecimos en los años ochenta dos enfoques diferentes de lo que era nuestra concepción del pop y del rock. Por un lado -el suyo-, el estudio perfecto de las armonías, de la construcción de las canciones, de los buenos estribillos. Por el otro -el nuestro- el salvajismo vital de la adolescencia, la obsesión por el ritmo, la búsqueda de la sorpresa, del desconcierto. Eramos dos bandas celosas la una de la otra, pero también las primeras en prestarnos los amplificadores, las guitarras, en echarnos una mano, en compartir noches memorables discutiendo sobre nuestra mutua adicción a escribir letras que fueran poemas y a crear acordes que no hubiera encontrado nadie".

Hasta tal punto estaban unidos que la gente siempre confundía a unos músicos con otros, y a José Ignacio G. Lapido le pedían que firmara un disco de TNT o a mí que firmara uno de Los Cero... Y qué decir de los baterías, Tacho -091- y Joaquín Vílchez -TNT-, de quienes nadie podrá saber jamás si lo que querían era pegarse o tocar juntos: eso sigue siendo un misterio incluso para mí. Personalmente, como compositor, como ex músico, como ex TNT, creo que la disolución de 091 es una decisión equivocada. Yo habría dado cualquier cosa por firmar canciones como El Hombre Invisible, Cuando pierdo el equilibrio, Corazón malherido o Qué fue del siglo XX. Quedan aún cientos de canciones así por firmar. 091 ha decidido colgar el teléfono. El grupo que durante 15 años fue el mascarón de proa del rock granadino, uno de los buques insignia del pop español, ha optado por abrir escotillas, desarbolar el palo mayor y atracar definitivamente en el oscuro puerto del olvido sin saber, o quizás sabiendo, que el varadero es el de las aguas del recuerdo y de la nostalgia. A los 091, ese grupo con nombre de teléfono de urgencias policiales tendrán que recurrir, a partir de ahora, los rebeldes con vocación de músicos. Porque ellos, los Cero, como los llamamos todos, eran los rebeldes con entrañas de poetas.

Hoy, en esta ciudad, los aspirantes al mundo del rock no tocan canciones de The Beatles o de los Rolling Stones para aprender, tocan canciones de los 091. Imitan a los Cero con el mismo entusiasmo con el que en el Madrid de la movida se imitaba a Sex Pistols o a The Clash. 091, ese número, ya no es de la Policía. Es el número telefónico personal del rock, del puro sentimiento. La poesía de José Ignacio G. Lapido es brutal, certera, llega al corazón. Es poesía lúcida. El directo del grupo es demencial. La electricidad que siempre dispararon desde el escenario no tiene límites. Si hubieran sido simplemente de Madrid hoy se estaría hablando del mejor grupo pop español . El problema es que eran de Granada, de Andalucía. Podremos estar en desacuerdo en muchísimas cosas, pero al César hay que darle lo que es del César. Y 091 son el César. Hace seis años, en el último concierto que dio TNT en Granada, con José Antonio García, el mismo y magnífico cantante que siempre compartimos, José Ignacio G. Lapido se acercó a los camerinos y me dijo: 'Jesús, ha sido el mejor concierto que he visto en mi vida. El único de mi vida que me ha hecho saltar'. Del mismo modo, esta vez me toca a mí reconocerle cosas a mi eterno amigo y rival: José Ignacio: has hecho las mejores canciones que he escuchado, canciones que yo siempre habría querido haber hecho. No dejes de hacerlas nunca.


En Julio de 2002, Javier García Lapido, el hermano mayor, ex-componente de Al-Dar, manager de 091 y promotor musical en general, fallecía víctima de un infarto.



REDACCIÓN NO80s
(Aportaciones: joseignaciolapido.net y J. Arias)

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