Trece Escalones

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Foto: Facebook Trece Escalones
Estos zaragozanos comienzan su andadura en noviembre de 1987, justo dos meses después de que Los Indicios (grupo del que provienen) grabaran su segunda maqueta. Ellos son Guillermo Vicente (voz y guitarra), Javier Lanzarote (guitarra),  Eduardo Vicente (bajo) y Luis Gabás (batería).

Los comienzos son muy duros, ya que no tienen los instrumentos adecuados. Luis consigue una caja y Guillermo utiliza una guitarra española que le habían regalado. Pero la cosa cambia cuando consiguen proveerse de los instrumentos necesarios. En ese momento, Trece Escalones se pone en funcionamiento.

El estilo del grupo no resulta sencillo de definir, en cualquier se encuadran dentro de los parámetros del pop, en el que la lírica, melodía y ritmo son tratados con minuciosidad. Herencia sixtie, siempre alejada de las modas y de los oportunismos musicales. Sus influencias son, sin embargo, muy variadas, y dentro del pop español pueden señalarse grupos desde Los Secretos, Los Modelos, Nacha Pop o La Mode, pasando por Pistones, Polanski y El Ardor o Los Elegantes, hasta llegar a tendencias menos comerciales, léase Décima Víctima o Parálisis Permanente.

El primer concierto no se hace esperar, ofrecido en la mítica sala zaragozana Metro, un 19 de marzo de 1988, lo que supone el bautizo oficial de la banda que en ese momento, estaba integrada por sus tres miembros fundadores, Eduardo Vicente, Luis Gabás, y Guillermo Vicente, además del guitarrista José Luis Ledesma (que poco tiempo después se convirtió en el cantante y líder de Los Visitantes). La actuación se inició con el tema ‘Algo falla’, y en la media hora que duró aparecieron algunas de las canciones que, con el tiempo, se convirtieron en auténticas señas de identidad del grupo, como ‘Gotas vacías’, ‘Hacia ti’, ‘Dos días de mayo’ (creada el mismo día de la actuación), ‘Tu último viaje’ (compuesta y cantada por Eduardo) o la legendaria ‘El viejo bar’, a la que muchos seguidores consideran la primera canción oficial de la banda. A partir de ese momento, se suceden diferentes actuaciones a lo largo y ancho de la provincia.

Comienzan los cambios de alineación. David Aso sustituye a José Luis Ledesma hasta la llegada de Javier Lanzarote como guitarrista estable.

El grupo entra por primera vez en un estudio de grabación (el de Carlos Frisas) y graba, en marzo de 1990, su primera maqueta ‘Días de Otoño’, tomando el título de la canción que acabará convirtiéndose en la más significativa de toda su trayectoria musical. La demo contaba con la mencionada ‘Días de Otoño’, a la que acompañaban ‘Arden lágrimas’ y ‘Detrás de ti’.

Meses más tarde, Luis Gabás deja el grupo, provocando un vacío anímico muy importante, aunque poco después se resarcen con la llegada de José Luis Seguer "Fletes", un batería de probada solvencia que permanecerá varios años con ellos.

Se inicia la segunda fase de la existencia de la banda. A Javier Lanzarote acompañarán guitarristas como Paco Lahiguera (posteriormente El Niño Gusano) o Alfonso Casasnovas "Foncho", cantante y guitarra de El bosque.

Las actuaciones se suceden y Trece Escalones graban su segundo trabajo no oficial, en esta ocasión en los estudios Kiko's de Zaragoza entre febrero y marzo de 1991. La maqueta se titula ‘Gotas vacías’, y contiene, además de esa vieja canción, tres nuevos cortes ‘Otra vez’, ‘Dos días de mayo’ (nueva versión), y la excelente ‘Ojos de Cristal’. En las mezclas participa el músico zaragozano Gabriel Sopeña, líder de Ferrobós. Las opiniones vertidas por parte de importantes críticos musicales del momento, como Cachi, Velilla, Panamá o Armengol, parece dejar las puertas abiertas a la grabación de todo un Lp, con pretenciones más ambiciosas.

Sin embargo, el grupo sufre importantes deserciones en su plantilla. Primero marcha Javier Lanzarote y "Foncho" y, más tarde, "Fletes", para integrarse al conjunto de folk-pop El bosque. Todo ello supone un inesperado freno en los objetivos del grupo. Jacobo Dobbie (después en Niños del Brasil) ocupa la batería, correspondiendo las guitarras a Luis "Gold Fingers" Baquero y a Chema Ceboña, a la sazón líder de La Cripta. Las actuaciones prosiguen por toda la geografía aragonesa con un sonido renovado y más envolvente.

A finales de 1994, tiene lugar un hecho decisivo para la trayectoria de Trece Escalones, la llegada del guitarrista Eddie Santin. Este hecho supone el inicio de la tercera etapa del grupo, quien procedía de los procelosos mundos del heavy metal, habiendo colaborado con Pedro Botero y José Luis Arrazola. Su trabajo dota a la banda de un sonido mucho más fuerte y guitarrero, lo cual supone una revitalización absoluta, especialmente perceptible en los conciertos en directo.

Se abandona la imagen estética, eminentemente poppie, por un look más oscuro y agresivo. La batería pasa a ser un puesto desempeñado por músicos de aparición interminente, entre los que destacaron Miguel San Juan, José Antonio Querol (batería de Días de Vino y Rosas) o el polifacético Daniel Clemente (integrante de varios proyectos musicales como Al son del sur).

Con estos mimbres, en septiembre de 1996, graban en los Estudios SLAP de Zaragoza, su primer disco, ‘El beso del arlequín’ (SRP Discos), con Carlos Baquero como ingeniero de sonido. El disco recoge diez historias que representan un humilde 'grandes éxitos', puesto que en realidad lo que hacen es registrar una selección de viejos temas que pertenecieron a los diez años que ya llevaban en la brecha. Lo componían ‘Días de Otoño’, ‘El viejo bar’, ‘El ojo’ (versión de la canción emblemática de Lágrimas de María como homenaje), ‘Entre sombras’, ‘El circo’, ‘Detrás de ti’, ‘El estanque’, ‘Gafas negras’ (versión de un clásico tema de Los Modelos), ‘Gotas vacías’ y ‘El beso del arlequín’. Carlos Callejero colabora como batería. Las críticas recibidas sobre el disco por parte tanto de la prensa especializada como del propio público por su respuesta en los conciertos, confirman la ascensión del ya entonces veterano conjunto aragonés.

‘El beso del arlequín’ refuerza las actuaciones en directo, que aumentan en número por todo Aragón. Sin embargo, un nuevo hecho supone un freno importante para Trece Escalones, Eduardo, uno de sus fundadores, siendo sustituido por Clara Duplá, que aporta una imagen dinámica y glamurosa.

Con el nuevo milenio, comienzan un largo periodo de hibernación. Eddie Santín colabora como guitarrista en otros proyectos musicales, especialmente como guitarrista de Hada química, mientras que Guillermo continuó componiendo y escribiendo sus canciones poperas de siempre.

En 2007, con motivo del vigésimo aniversario de la creación de la banda, Trece Escalones decide volver a la escena, ahora integrada por Guillermo Vicente, Luis Bodas, Nacho "el Tuno" y Germán Cristóbal. Comienza así una nueva etapa con la grabación de un video clip y de todo un nuevo álbum, que anticipan con ‘El holandés errante’ y ‘Los ojos de Sibila Vane’ como single.

Ya en febrero del 2012, ofrecen una serie de conciertos, con motivo, en este caso de una nueva efeméride, el 25 cumpleaños de su primer concierto que tuvo lugar en la mítica sala Metro de Zaragoza. Sin renunciar a su herencia pop ochentera ofrecen un sonido más actualizado, como demuestra su nuevo Lp titulado ‘El viejo poeta’, en el que aparece entre otras una excelente versión de un tema mítico de Mamá. En sus conciertos combinan temas propios con versiones aquellos grupos que tanto les influenciaron (Los Secretos, Nacha Pop, Mamá, La Guardia o Loquillo).



Redacción NO80s
(Aportaciones: planetacierzo.es, guiamusical.com)

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